11 diciembre 2008

EL TIGER DE VIMOUTIERS



21 de agosto de 1944. El Tiger I nº 231 (2.Kp. / SS. Pz. Abt. 102) se queda sin combustible durante los combates al sur de Normandía en la carretera N 179, a la salida de Vimoutiers. Su comandante ordena abandonar el carro, repartir la munición en otros de la compañía y volarlo ante la imposibilidad de ser rescatado. La explosión de dos cargas, una en la torreta y otra en el motor, lo inutiliza pero no lo destruye.
Cuando llegan los aliados (concretamente los canadienses de la 2ª División de Infantería) se limitan a dejar expedita la vía, empujando al tanque a la cuneta .

Allí permanecerá, pasando diversas vicisitudes bajo las manos de coleccionistas de recuerdos y chatarreros hasta que la ciudad adquiere el carro a su legítimo propietario en los años 70.
En 1975 adquiere gran publicidad al aparecer en la revista “After the Battle” (nº 8). Por consiguiente, la ciudad decide recuperar la pieza y exponerla a curiosos y visitantes aunque lo desplaza a cierta distancia de donde fue saboteado. Alain Roudeix, ex –maquis y extraordinario coleccionista, se encarga de su restauración. El efecto es impresionante si prescindimos del camuflaje, no original, que cubre el carro. Aunque mantiene el modelo a olas característico del Abteilung, los colores sólo se corresponden por aproximación.
Pero bueno, no todo el mundo tiene la oportunidad de toparse con un auténtico Tiger al girar una pequeña curva de la carretera.
Cuando lo visité, la primera impresión fue de desconcierto. Sabía que estaba allí, lo había leído e incluso llevaba el número de After the Battle en el asiento trasero. Pero no lo imaginaba tan grande, la verdad. Impresiona rodearlo, tocar y apreciar el grosor del blindaje… un monstruo de 57 toneladas y un cañón Kwk 36 L/56 de 88 mm. Hay que tener en cuenta que esta arma podía destruir un carro enemigo con casi un 100% de seguridad a 1.600 metros, distancia que ninguno de sus contrarios podía soñar. Incluso se dio el caso de un T-34 soviético destruido a ¡¡¡3.900 metros!!! (un disparo fortuito, no cabe duda, pero enormemente efectivo para la moral de los combatientes). No sin razón, los manuales de combate del arma blindada norteamericana apuntaban que eran necesarios 4 Sherman para destruir un Tiger… y contar con perder, al menos, 3 de ellos (si eran Sherman Firefly, el único modelo que podía enfrentarse con ciertas posibilidades de éxito al alemán).


Mientras lo contemplaba, una nueva sorpresa. Un Schimmwagen anfibio se detuvo al lado del carro. De él bajó un hombre ya mayor y, no pudiendo resistirme – pues le reconocí por los artículos que había leído sobre él - me presenté y charlamos un rato. Era Alain y el vehículo anfibio era otra joya de su propiedad. Con picardía, levantó un poco la placa de la matrícula trasera y me mostró que conservaba bajo ella la original SS. Al poco, ahíto de tanque y hambriento de otras piezas de colección, me invitó a su casa. ¡Ufff! En un enorme solar anexo guardaba bajo lonas desde cañones de campaña a una Kettenrad y un Jeep en sendos cobertizos y que estaban aún en fase de restauración. Como curiosidad, las lonas que cubrían los cañones, por ejemplo, estaban amarradas con cañones herrumbrosos de ametralladoras MG y minas desactivadas desenterradas por él mismo. Una enorme colección de cachivaches que Roudeix no se cortó en mostrarme respondiendo a las numerosas preguntas que, sobre la marcha, le iba haciendo.
Al caer la tarde me despedí de él. Había sido un día afortunado. Aún me quedaban bastantes kilómetros para volver a Rouen ( donde había establecido mi CG). El coche rodaba por las carreteras del valle de La Falaise donde fue destrozado el ejército alemán en su retirada de Normandía y en su afán por cruzar el Sena.
No imaginaba, esa mañana al salir del hotel rumbo a la bolsa, que en un solo día pudiera contar con las dos experiencias que ese día viví.
Lo cierto es que, si puedo, volveré otra vez a aquella zona, inmenso museo de una de las campañas más importantes de la II Guerra Mundial. Porque pese a las varias jornadas que pasé por allí, me supo a poco, la verdad.

10 diciembre 2008

LA BATALLA DE LAS ARDENAS.


Desde mediados de los 60 a los 70 varias editoriales hicieron un esfuerzo por acercar al público obras sobre el último conflicto mundial que hasta entonces no habían sido accesibles al lector medio español.
Recuerdo de entonces a Caralt, Plaza y Janés y, sobre todo, a Bruguera.
El primer libro que conseguí comprarme con mis ahorros sobre este tema se titulaba “La Luftwaffe” de Cajus Bekker. Después vinieron más, hasta organizar una biblioteca de unos mil quinientos títulos. De ahí abrí el camino a la hemeroteca, que actualmente goza de bastante buena salud, y, por supuesto, al coleccionismo de piezas originales de época.

Pero centrémosnos en la biblioteca. Ya habrá tiempo de ocuparme de los otros campos.
Actualmente la mejor forma de conseguir "libros de guerra" es:
a) por reedición (en estos años se aprecia un esfuerzo de las editoriales para volver a ofrecer al publico obras ya editadas antaño o/y obras nuevas o inéditas en nuestro país).
b) Escudriñar en librerías de viejo y de anticuario donde, de vez en cuando, nos podemos topar con primeras ediciones en español de obras muy clásicas y a precios, en ocasiones, realmente competitivos.
En este segundo caso, porque personalmente, además, me encanta rebuscar entre pilas de libros, encontré esta obra.
Llega un momento en que el periodo histórico 1932 – 1945 se te presenta linealmente, como una barra de eMule con muchas barritas rojas en su interior de espacios temporales que no tienes cubiertos en tu colección. Y esto me pasó con este libro. Me dije: “¡Ostras! Tapona un hueco”. Y sin pensarlo dos veces, lo adquirí. Tengo algunos más que cubren el periodo pero hay obras que se han transformado en clásicas y que siempre has deseado tener en tus estanterías.
John Toland, autor de la inolvidable “Los últimos cien días”, escribió esta obra en 1959. Llegó a España en esta primera edición en 1970 de la mano de Bruguera… y me la he leído en pocos días porque la obra es extraordinariamente amena (directa ahora a mi colección de “incunables”).
La batalla de las Ardenas (como se conoce en España) o la batalla del Bulge (“de la brecha” o “del saliente” en la más funcional terminología anglosajona) nos presenta esa épica y desastrosa batalla en toda su crudeza, confeccionada a partir de testimonios de sus supervivientes – no olvidar que está escrita en 1959 –. Recoge la última ofensiva occidental de la Wehrmacht, el 16 de diciembre de 1944, desde su inicio hasta su fracaso a finales de enero de 1945.
Por supuesto, es una narración vista desde el lado aliado, con algunas intervenciones “desde el otro lado” pero que, en su conjunto, no desmerece en tener un puesto de honor en nuestras bibliotecas.
Sólo le encuentro un defecto. Como siempre, echo en falta un mapa desplegable geográfico de la zona que, a la vez que lees, te permita ir consultando dónde se desarrolla la acción que se narra, pueda facilitarte una visión de conjunto y la acabes con la satisfacción de haber “estudiado” y analizado al detalle todo lo que el libro te desvela.
Por el contrario, te sumerges en los avatares del G.I. “X” o del Sturmann “Z” en un plano anecdótico que, aunque no te dé esa visión de conjunto, te hace sentir hasta qué punto hace frio o imaginar el retumbar del suelo y el olor de la trilita(o de la cordita) en uno de los bombardeos en los alrededores de Bastogne o St. Vith,. En realidad no sé qué podría ser mejor.
El caso es que la obra me ha satisfecho lo suficiente como para recomendárosla (Editorial Bruguera, edición de enero de 1970 y depósito legal – no existía aún el ISBN – B 45.502 – 1969).
Ánimo y si la encontráis, no dudéis. Compradla y, por supuesto, leedla. Os sumergiréis en el caos inicial, en el miedo, seréis víctimas, atacantes y defensores, y pasaréis un rato enormemente agradable. Si, además, tenéis la precaución de prepararos un plano de la zona y vais punteando, el resultado se multiplicará.
John Toland la dedica “a los que estuvieron allí”. Yo podría dedicarla “a los que quieren conocer como si hubieran estado allí”.
Insisto; no os la perdáis.

09 julio 2008

CUENTOS DE LA GRAN GUERRA (Libros 5)


CUENTOS DE LA GRAN GUERRA.


Varios autores.


Edición a cargo de Juan Gabriel López Guix.

EDICIONES ALPHA DECAY S.A.

Colección ALFANHUÍ.
ISBN 978-84-935863-2-4
1ª edición. Barcelona. Marzo 2008.

La Primera Guerra Mundial fue el revulsivo que acabó con una época y abrió las puertas a la técnica, usada ésta como instrumento para matar.

Hay quien defiende que no hay evolución sin guerra, que esta aguza el ingenio, moviliza la inventiva y pone parte de sus mortíferos resultados – posteriormente – al servicio de la sociedad (digo yo que a la que sobrevive, claro).

Creo sinceramente que una mejor voluntad social que supiese prescindir de los grandes intereses creados, normalmente económicos, desembocaría en un resultado similar sin tener que llenar los cementerios de seres y a las familias de dolor.

Pero está comprobado que el hombre es el único animal capaz de matar a sus semejantes por motivos tan altruistas como el dinero o el poder, y todo de forma masiva. ¡A lo grande!

Pero si algo positivo nace de este conflicto es – aparte de la conciencia, equivocada, de que sería “la guerra que acabaría con todas las guerras” – la creación de una especie de corriente literaria, casi toda ella pacifista, que denunció y utilizó la pluma para revolver en las conciencias (por supuesto, no como en los versos de Machado dedicados a Líster “Si mi pluma valiera tu pistola…”) e intentar que algo tan increíble como esa terrible masacre no volviera a repetirse. El tiempo demostró lo equivocado de esta intención. Porque nadie escarmienta con la lectura de un libro.

Pero esa corriente está ahí. Y de la literatura pasa al cine, ofreciéndonos ejemplos tan extraordinarios como “Alas”, “Sin novedad en el frente”, “Senderos de gloria” o “Westfront 1918” entre otros.

Con esta obra, muy en la línea de la reseñada anteriormente (ver la anotación del día 20.3.2007), López Guix nos presenta una recopilación de textos y de cuentos, de la mano de los escritores más conocidos de la época.

Aunque en la presentación del libro ya se dice que sólo recoge la perspectiva desde el bando aliado, creo que hubiera podido enriquecerse integrando en ella algunos otros productos de plumas de los Imperios Centrales.

No obstante, aún así, es una buena recopilación, con nombres como Hanley, Maugham, Kipling, Machen, Dunsany Doyle, Conrad, Mansfield…

Y si he de buscarle un sitio en mis estanterías, indudablemente irá al lado de la ya citada "La Gran Guerra y la memoria moderna" de Paul Fussell.

La edición es cómoda, bien cuidada, agradable de leer… pero las conclusiones a las que llegamos con casi cada uno de los relatos es agria, fuerte.

Es inevitable el preguntarnos: ¿Por qué?

Y no encontraremos respuesta. Al menos ninguna que nos satisfaga realmente y que nos sirva para conciliar el sueño de nuestra conciencia.

19 abril 2008

LA BATALLA DE MONTECASSINO. (Libros 4).

LA BATALLA DE MONTECASSINO
Monte Cassino. The Story of the Hardest-fought Battle of World War Two.
Matthew Parker.

Iñigo Artamendi, traductor.
INÉDITA Editores. Serie Books4pocket. Julio 2007.
978-98-96829-32-9.
671 pp. 19 x 12,5. Rústica.

El 3 de septiembre de 1943 los aliados cruzan el estrecho de Messina y desembarcan en Reggio Calabria, la punta sur de la bota italiana. En la noche del 8 al 9 de septiembre de 1943, lo hacen en Salerno, unos 350 kilómetros al norte de ese primer punto.

A mediados de mes, nuevos desembarcos posicionan al VIIIº Ejército en la costa adriática de la península. Los tres meses siguientes son un avance lento, continuado y muy costoso por ambos flancos de “la bota” hacia el norte, con el claro objetivo de llegar a Roma, la, hasta unos días antes, capital del fascismo.

Los alemanes, previsores y no poco hábiles tácticos, se adelantan a las intenciones aliadas y establecen una fuerte línea de resistencia interconectada y casi inexpugnable que cruza la península italiana algo más al norte de los avances que, desde el principio, tienen lugar. Nace así la temible línea Gustav. Con uno de sus puntos principales en las proximidades de Cassino, esta línea ofrecía tal sensación de infranqueable que los mandos aliados se ven forzados a tomar excesivas precauciones para su asalto.

Desde enero de 1944 y hasta el 18 de mayo, fecha en que es liberado el Monasterio por fuerzas polacas, cuatro grandes batallas se libran en la zona, frenando a los aliados en su avance sobre Roma y haciendo de este enfrentamiento, posiblemente, el hecho más sobresaliente de la guerra en Italia (pese a los esfuerzos norteamericanos por destacar la batalla de Anzio como más importante aún).

Durante esos meses, los soldados luchan metro a metro por trozos de terreno que ganan y pierden en un día, combaten piso a piso en casas que no son suyas, pasan hambre, sed, miedo… la abadía benedictina, una joya arquitectónica, es destruida en bombardeos totalmente inútiles y la confianza en la invencibilidad de las armas británicas y norteamericanas flaquea entonces y, desde entonces, hasta el final de la guerra.

Al final, entre olores inconfundibles de restos humanos en descomposición, ruinas y toneladas de acero destruido, acabó lo que para muchos historiadores fue “la batalla más inútil de la II Guerra Mundial” o “una victoria vacía”.
. . . . . . . . . .

Esta batalla es desmenuzada por Parker en su libro con bastante acierto aunque la densidad de datos, la cantidad de recuerdos y el largo tiempo que ésta duró hacen perder relativamente la perspectiva general del enfrentamiento.
. . . . . . . . . .

Llevamos unos años en los que los libros sobre la II Guerra Mundial proliferan en el mercado editorial. Los menos, estudios generales. Los más, estudios puntuales de algún hecho sobresaliente de la guerra. Mientras hace tres décadas la mayoría de estas obras te hacían perderte en despliegues de unidades, divisiones, movimientos tácticos y consecuencias, actualmente, y respondiendo a la exigencia de un público al que le interesa más el hecho humano que la historia de partes de guerra, se editan estudios en los que, una de cal y otra de arena, se vierten tanto acciones generales como recuerdos de protagonistas.

Esta es una línea que se abrió en la investigación histórica de manos de Corneluis Ryan y Larry Collins (El día más largo, Arde París, Un puente lejano…) y que, gracias al éxito de tales clásicos, la mayoría de los historiadores modernos han abrazado.

Tiene sus pros y sus contras., naturalmente (pues nada puede ser perfecto).

Es más ameno de leer, da una visión que, si no de conjunto, sí es más cercana, el lector se identifica mejor con los combates y con el sufrimiento de sus protagonistas, desciende al nivel de la calle, en una palabra, y no se queda en las decisiones de altos mandos que, por su propia personalidad, quedan muy lejos del lector.

En su contra es que el minimalismo, la puntualización personalizada y el relato anecdótico hace perder hasta cierto punto la imagen global de la batalla, su importancia real, su trascendencia.

Y esto, como a muchos otros, le pasa a “Montecassino”. Un libro básico para quien quiere quedarse en la anécdota, y complementario para quien quiere profundizar después de haber leído obras más amplias y generales.

Echo de menos más mapas, o quizás algunos más generales, de conjunto y más claros, que ayudaran al interesado a situarse, así como un poco más de “gran angular histórico”.
Pese a ello es una obra que se lee con interés y que no menoscaba la calidad de una biblioteca especializada en esa turbulenta época.
Bien por Inédita
.

22 agosto 2007

BREVE HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL. (JESÚS HERNÁNDEZ). (Libros 3).


Título: “Breve historia de la II Guerra Mundial”.
Autor: Jesús Hernández.Editorial: Ediciones Nowtilus S.L. Madrid 2006. 1ª edición.ISBN 10: 84-9763-279-6Otras: Rústica, 190 x 130. 320 pp.
Poca sinopsis tiene un libro que recoge la historia desarrollada entre 1939 y 1945 que no se haya dicho ya o que no se haya tratado en miles de estudios y ensayos desde entonces.
El 1 de septiembre de 1939 comienza una devastadora guerra que, al acabar, el 2 de septiembre de 1945, dejaba entre 50 y 70 millones de muertos, una Humanidad resquebrajada y las puertas abiertas a una carrera armamentística que, dada en llamarse “guerra fría”, nos ha mantenido en vilo casi 50 años más. “De tales polvos, tales lodos” como dice el refrán.
Y Jesús Hernández, un experto /aficionado del tema, nos lleva de la mano a lo largo del conflicto haciendo amena la increíble locura de los hombres, y comprensibles algunos de los “por qué” de semejante desatino.
Si alguien busca en este libro una extraordinaria labor de investigación, un trabajo totalmente innovador o la revelación de algún misterio histórico oculto, no va a encontrar nada de eso.
Si lo que en realidad busca es un conocimiento general de esta época, sin grandes complicaciones, de forma entretenida y que, al terminar, sepa ubicar hechos y evolución sin más, este es un libro adecuado.
Es una obra que se lee con gusto, con un rico anecdotario (algo muy común en todas las obras de Jesús Hernández) que la hace muy amena y una serie de preguntas – que se hace el autor, transmitiéndolas al lector - que pueden hacer pensar un poco.
Estructurada en capítulos separados, casi diríamos en bloques, el puzle montado al final da una buena idea de conjunto de lo que fue ese periodo.
A mí, que llevo muchos años con este tema (posiblemente más que Jesús puesto que soy mayor que él) no me aporta nada nuevo. Pero tengo que reconocer que me ha gustado leer este libro.
Faltan grandes e importantes temas (por ejemplo, la ofensiva aérea aliada sobre el Europa) y en otros se extiende más de lo conveniente teniendo en cuenta las omisiones como la citada. Es una opinión personal, desde luego, pero por algo se titula “Breve historia….” Si no, indudablemente no sería tan breve con la consecuencia, añadida, de que no sería una obra divulgativa, interesante incluso para principiantes, sino un tratado farragoso que sólo leeríamos los cuatro alucinados que sembramos la geografía española y que estudiamos este tema.
Ese es precisamente uno de los valores del libro. Su propia sencillez, bien estructurado y sin pretensiones de sentar cátedra. Me explico: no doy clases de Historia en ningún instituto. Si así fuera, sería un libro interesante para mis alumnos. No se aburrirían y obtendrían una visión general suficientemente buena del conflicto.
En cuanto a la edición, Nowtilus la ha cuidado bien. Una portada clásica con una foto bien conocida y oportuna, un texto limpio y un libro manejable, que gusta.
Pero no todo pueden ser flores. En mi opinión falla en el aspecto gráfico (fotos pequeñas y con bastantes pies erróneos), en algunos de los datos que facilita el autor y en que quizás algunas de las tesis presentadas entrarían dentro de lo que viene en llamarse “historia popular” sin muchos tintes de verosimilitud. Quizás una adecuada revisión y algunas modificaciones serias antes de su publicación hubieran salvado estos escollos.
Algo, por último, interesante y que no se encuentra en muchos libros, es el anexo incluido de “Lugares de interés”, una guía interesante para bucear por Internet y completar el tema previamente leído (o para preparar un viaje “histórico” con un recorrido por los espacios fundamentales).
En resumen, un libro curioso y básico para un primer acercamiento a esa etapa de la Historia que tanto ha repercutido en la actual disposición social, económica y política del mundo en el que ahora vivimos… pero sin ninguna pretensión más.

15 julio 2007

UN HETZER SALE A LA LUZ EN 2006.


























La guerra, la grande, la II Guerra Mundial, pasó por muchos países como una gran ola, arrastrando a todo en su llegada y volviendo a arrastrar todo al retirarse de nuevo hacia el océano.
No es raro, sesenta años después, reencontrar vestigios que han permanecido ocultos, enterrados o hundidos, para salir a la luz actualmente. E impresiona ver salir de las aguas, como un monstruo antediluviano, a una creación humana que, en su día, pudo causar la muerte.
Este es el caso de este blindado alemán, un Hetzer, cazatanques, que sumergido en las aguas en la península de Hela (bahía del Vístula) ha sido encontrado y recuperado hace poco.


Historia.


Construido sobre un chasis de Pz.38(t) checoslovaco, iba armado de un cañón de 7.5cm Pak 39 L/48, siendo denominado Jagdpanzer 38(t). Los primeros prototipos están listos en marzo de 1944 y su misión, con una muy baja silueta, era la de ser un eficaz caza-tanques (o un antitanque autopropulsado, como queramos verlo), con cuatro tripulantes en un reducido habitáculo. Con un peso de 15,7 Tn, alcanzaba una velocidad de 42 km/h.
Se construyó un total de 2.584 blindados.
Los primeros entraron en servicio en el Panzerjägerabteilung 731 en mayo/44, estando asignados al Grupo de Ejércitos Norte.
Y es que la Historia guarda aún numerosos vestigios escondidos que, poco a poco, salen a la luz para recordarnos que es preferible conocerla que volver a caer en su trampa.





Un Panzerjäger 38(t) Hetzer, destruido por las tropas americanas durante su avance en Alemania en 1945.

EL MITO DEL AVIÓN "CHIVATO".


Lo malo de los libros, incluso de los de Historia contemporánea, es que al autor le dé el pálpito de encontrar una genialidad, de haber descubierto algo inédito y, sobre ese descubrimiento, montar todo un entramado que sólo se sostiene mientras no profundizas un poco en el tema.
Cuando en un libro, que supones tratado a conciencia, encuentras una “invención” disfrazada de “investigación” con gran inexactitud, tal hecho provoca que cualquier otra aseveración o afirmación anunciada como “inédita” en la misma obra vaya, quizás equivocadamente, al mismo cajón clasificador que la primera.

Y este es el caso de “VENGO A SALVAR A ESPAÑA” de Andrés Rueda, en su capítulo sobre el 18 de julio de 1936 (PÁGINAS 157 – 161).

Sostiene el autor que ese día, el diario ABC de Sevilla, en su portada (foto que omito por si los derechos de autor y demás) revela a los oficiales comprometidos en el golpe, mediante una críptica composición en la que aparece un hidroavión con la matrícula G-ADHL, la fecha día y hora en la que se produciría la asonada.
Aduce que la investigación realizada y la interpretación de dicha matrícula, así como del texto que aparece, se someten a un experto en criptografía y a dos oficiales de Estado Mayor. Los tres coinciden en la interpretación que, en resumen, viene a decir que Franco despega de Gando (Las Palmas) a las 14 horas del 18 de julio. Eso sí, inicialmente afirma que las letras del avión son claramente desproporcionadas, ocupan gran parte del espacio lateral y que no guardan perspectiva con respecto a la línea del avión. O sea, claramente un montaje para dar el aviso.
Pero… mi escepticismo me hace investiga un poco.
No considero lógico que el aviso sobre una actuación que ha de realizarse de modo muy premeditado y con todos los posibles hilos atados se haga tan fulminante, tan precipitadamente.
Y el análisis me hace recordar aquello de las múltiples interpretaciones, a posteriori, de hechos conocidos, que tan fácil es reinterpretar y acomodar a intenciones predeterminadas una vez sabidos los resultados y jugando con los números (los esotéricos juegan mucho a eso, y Nostradamus creo que ha sido uno de los más explotados en ese sentido).

Mis opiniones:

1) El avión, con esa matrícula (G-ADHL) y ese tamaño, existió (luego insistiré en ello).
2) En esa época (y después), ABC y otros diarios eran muy dados a presentar montajes fotográficos en sus portadas. Éste no es más que uno de ellos.
3) Gran Bretaña, en una carrera de armamentos que ocupaba a toda Europa, presenta ese avión como un logro de su industria aeronaútica, una especie de “disuasión” por avances técnicos frente a posibles potencias “ofensoras”.
4) La foto del aparato, tomada el 6 de julio (luego diré por qué) es indudablemente distribuída por Agencia, la cual tardará unos días a los que, si añadimos que en los talleres de Redacción la aparquen un tiempo, da fácilmente para ser publicada concretamente el 18 de julio sin ninguna oculta intención más.
5) Sería de género absurdo que los sublevados esperen a que un avión extranjero, matriculado así, realice su vuelo inaugural en un tiempo preciso, que les llegue la fotografía en el momento adecuado, con las siglas correctas (no importa que en realidad sean una nomenclatura oficial del país que produce el aparato) y a los efectos oportunos. Porque la insinuación de que esa matrícula es un montaje no es cierta. No lo es, y a las fotos me remito.

6) Andrés Rueda interpreta (a bala pasada, que es cuando más fácil es) un hecho que no tiene nada de extraño y lo presenta como “una aportación nueva al desvelado de algunos enigmas de la sublevación militar”.
7) Subrayo la frase que, tomada de Ricardo de la Cierva, el autor incluye en el libro. Y en este caso, la suscribo plenamente: “La historia se escribe con documentos, pero, por lo menos de la España del siglo XX, se hace muchas veces con rumores".

No hay tal fantasma, no hay tal montaje y, en consecuencia, no hay un descubrimiento excepcional de la trama de la sublevacion; lo siento.

El avión:

El avión es un hidro de pasajeros Short S-23C clase Empire, fabricado por la casa Short Bros, el primero de una corta serie de 31 aparatos, que realiza su vuelo inaugural el 4 de julio de 1936 en Medway (Rochester). Del vuelo de ese día aparecen en “The Aeroplane” dos fotografías (aunque hay varias más obtenidas desde el aire por la fábrica).
El segundo vuelo oficial lo efectúa el 6 de julio, siendo fotografiado desde el aire por un avión tipo Westland Wessex, matrícula G-ACHI de la empresa a la que está destinado el S-23, la Imperial Airwais (de cuya serie, posiblemente, proceda la foto en cuestión).
La Imperial Airwais es una empresa creada en 1930 y que tiene como objetivo combinar vuelos aéreos con viajes en ferrocarril.
El G-ADHL (sin punto entre la “D” y la “H”, en el que hace mucho hincapié el autor para descifrar el mensaje en clave, ya que es en realidad una ventana circular de una puerta de acceso(1)) realiza su primer vuelo entre Alejandría y Brindisi (vía Mirabella y Atenas) en 7 horas y 20 minutos el 30 de octubre de 1936.
En 1937, IAL inaugura la línea Durban (Sudáfrica) – Southampton precisamente con este avión.
A este primer avión encargado por la IAL, matriculado G-ADHL y bautizado “Canopus” le siguen el G-ADHM “Caledonia”, G-ADUT “Centaurus”… y así hasta un total de 31 aviones, a los que seguirán tres S-26, nueve S-30 y dos S-33. Toda la serie S-23 será bautizada con nombres que comienzas por “C”, siguiendo una tradición aérea.
Para más verificacion puede consultarse una película de 1938 (2), “Wings over the Empire” en la cual se recoge la producción e historia de estos hidros, y en la que se incluyen vuelos de prueba del G-ADHL “Canopus”.
El avión incluso aparece en un tebeo tipo Tin-Tin de época (ver la siguiente ilustración).

Conclusión: La matrícula no es un montaje (cualquier interesado puede comparar la proporción y situación de las letras de la portada del diario ABC de Sevilla con las de la fotagrafía incluída, mientras despega, en este artículo) lo cual desmonta la manipulación de la fotografía y, por supuesto, dadas las fechas del vuelo inaugural y demás, toda la trama del mensaje en clave.
A cualquier historiador le encantaría descubrir algo oculto. Pero en este caso, para mí que se ha pinchado en piedra (obvio otras “tesis” expuestas en el libro que, sin ninguna documentación probatoria, no sirven para nada en realidad)

Notas.

1. Esto puede comprobarse en cualquier fotografía del avión, pero se puede consultar directamente en
www.bamuseum.com/images/large/30-40/1.jpg (aunque sea otro el avión que aparece), o en las foto aquí adjunta.
2. Realizada por Strand Films.
3. Para una información más extensa sobre el avión y su historia, puede consultarse “Fliyng Empires. Short “C” class Empire Fliyng boats”, de Brian Cassidy. Queens Parade Press. 1996.

20 marzo 2007

LA GRAN GUERRA Y LA MEMORIA MODERNA. (PAUL FUSSELL). (Libros 2)


Ed. Turner. Madrid mayo 2006.
Colección Armas y Letras.
Rústica. 478 pp.
Traducción J. Alfaya- B. McShane-J. Alfaya McShane.
ISBN. 84-7506-680-1

Este ensayo sobre la Primera Guerra Mundial y su repercusión en la literatura de postguerra viene avalado por el Nacional Book Award del Nacional Critics Circle en 1976. Más tarde ha entrado en la lista de los cien mejores ensayos del siglo XX, realizada por la Modern Library.
Editado en 1975, llega a nuestro idioma treinta y un años después.
No voy a decir que sea una vergüenza, porque ¿quién lee libros de guerra?
Pero éste no es un libro de guerra en su sentido más estricto, aunque sí en el más amplio. Pese a ello, es una referencia obligada para los amantes de la literatura inglesa del siglo XX.
Una extraordinaria obra con una muy arriesgada tesis: La influencia que la Gran Guerra tuvo en la literatura posterior, llegando incluso hasta nuestros días.
Analiza en sus páginas autores como Graves, Owen, Rosenberg, D. Jones, Sassoon, Blunden…
Muy interesante tanto en cuanto al reflejo de la sociedad en los combatientes como, a la inversa, la proyección de estos en la literatura.
Consecuencia: Una revisión posterior de valores, de filosofía de vida y el nacimiento, a partir de las experiencias expresadas por autores de renombre antes citados, de los esbozos de un existencialismo que años después vería la luz.
No me resisto a transcribir extractos de una de las poesías recogidas en la obra, como muestra de la calidad, tanto de los textos elegidos como de la línea seguida en cada una de las casi 500 páginas de un libro que merece la pena considerar casi como imprescindible en el binomio literatura- guerra:

“Conocí a un hombre, era mi amigo,
pero ennegrecía cada vez más,
y no se sacudía las moscas de encima,
ni palidecía por muy feroz
que fuera el zumbido de las granadas
que pasaban; solía leerle para animarle
cosas que tomaba al azar de Donne…
……………………………………..
……………………………………..
así que me di cuenta de que por fin los gusanos
le habían atacado los sesos.
………………………………………
………………………………………
Despreciaba la pureza de la pasión.
Apestaba tanto que, aunque éramos grandes amigos,
tuve que abandonarle.
Después las ratas se comieron sus pulgares”.

Como siempre, la dureza de la realidad nos enfrenta, literariamente, a lo que fue y a lo que podría ser si la locura colectiva irrumpiese, sin esperarlo, en la tranquilidad de nuestros hogares, en la monotonía de nuestras vidas.

REPRESALIA. (GERT LEDIG) (Libros 1)


Editorial Minúscula. Barcelona 2006.
Colección Alexanderplatz, 12.
Rústica.
232 pp.
ISBN. 10-84-95587-30-0
Traducción de Rosa Pilar Blanco.

Parece que, poco a poco, van llegándonos visiones de la historia que durante mucho tiempo no han sido “políticamente correctas”. Y creo que ya iba siendo hora, aunque sólo sea en forma de novela.
Creo que uno de los temas menos tratados de la última Gran Guerra (al menos desde esta óptica) ha sido precisamente el que recoge el libro: el terror de los bombardeos indiscriminados sobre la población civil alemana y de los territorios ocupados.
Con toda la crudeza imaginable, los personajes que pueblan el libro son personas normales y corrientes con las que, por desgracia, nos podemos sentir identificados. Están llenas de heroísmo y de egoísmo, antítesis máximas, pero totalmente humanas.
Es un buen relato, un relato aleccionador donde la “represalia” recae sobre víctimas que son tan inocentes (o tan culpables) como las de cualquier bando en conflicto.
El libro se publicó inicialmente en 1956, pero fue “tapado” porque avivaba recuerdos muy cercanos que no estaban en consonancia con el espíritu de concordia de auqella década (aunque yo creo más que por no fomentar “la culpabilidad colectiva” que tan bien estaban aprendiendo en esa época los alemanes).

Bueno, el caso es que pasó (o lo hicieron pasar) sin pena ni gloria, hasta que en 1999 fue reeditado, a la sombra del debate nacido a raíz de las conferencias de Sebal en Zurich, cristalizadas en el libro “Los bombardeos y la literatura”.
En esencia es un libro de guerra, que duda cabe (como los otros dos del autor: “Los órganos de Stalin” y “Faustrecht”. Pero de una guerra terrible y cercana, demoledora y real, muy real.
La narración de sesenta y nueve minutos de una acción, vivida desde la mira del bombardero, desde la del piloto derribado o desde la del ciudadano que se acurruca en un refugio a la espera de la explosión mortal no deja de ser un grito de socorro y una advertencia de guerras pasadas para guerras presentes o futuras.
Lo recomiendo encarecidamente.
Para saber más del autor

http://es.wikipedia.org/wiki/Gert_Ledig

05 septiembre 2006

ME DA MIEDO.


Hace algún tiempo que no leía concienzudamente la Prensa.
Hoy me he levantado, he comprado el periódico y me he ido a leerlo a la playa mientras tomaba un café para desayunar.
Al pasar las hojas, me impacta la presencia de varias esquelas mortuorias. Al mirar la fecha observo que se remontan a 1936. Son en memoria de asesinadoso a manos de “gentes” de izquierdas. ¡Hacía años que no veía este tipo de esquelas!
Después, el miedo me recorre la columna.
La Guerra Civil sigue ahí, presente e inolvidable para muchos. Latente, sobrevuela invisible sobre nuestras cabezas con toda su historia, con toda su carga de muertos de uno y otro bando.
Y no puedo gritar “¡Basta ya!”, porque todos ellos llevan razón.
Pienso, y creo que un Gobierno es, en ciertos aspectos, como el padre de una casa. Sirve para poner paz, para razonar y ser razonable… pero éste, a cuenta del electoralista apoyo a la Memoria Histórica, está, por el contrario, sembrando el rencor donde debería haber perdón y olvido. No el Gran Olvido, porque al fin y al cabo, no somos más que producto de nuestra Historia. Ese olvido de no instrumentalizar los hechos para obtener un beneficio propio, el olvido que pide el maestro cuando dos niños se pelean, pone paz entre ellos, exige que se perdonen y, con una palmadita, los envía de nuevo a jugar diciendo: “Venga, a olvidarse”.
Ya hubo, a mi entender, una primera metedura de pata hace años, con el decreto de ciudadanía para los pertenecientes a las Brigadas Internacionales que vinieron a luchar por la libertad y la democracia del pueblo español. A él no tenían derecho, por supuesto, ni los combatientes de la Legión Cóndor, ni las Unidades de Flechas italianas, ni los portugueses… ¡Ellos, además de venir casi obligados, no lucharon por la democracia!
Viví más de la mitad de mi vida oyendo que unos eran los malos y otros los buenos. Hasta la saciedad. Ahora llevo unos años en los que me están bombardeando con que los malos eran los buenos y los buenos, los malos.
Y no hay ni unos ni otros. Malos y buenos los hubo en los dos bandos; sólo que unos perdieron una guerra y otros la ganaron. Y se olvidan de que las tortillas tienen dos caras, y que para que esté buena, el cocinero no puede permitir que un lado se tueste y el otro esté crudo.
Y me parece a mí que esta tortilla que se está haciendo sólo va a aprovechar a algunos, que la acompañarán con pequeñas copitas de un fino con denominación de origen y unas fotos para la Prensa.
Y mientras, en la tierra, seguiremos matándonos, ahora con balas de papel, para intentar demostrar que nuestros caídos eran los buenos y que los otros no lo eran.
Tengo en mi familia represaliados por el gobierno republicano durante los tres años en los que mi pueblo, de 1936 a 1939, permaneció en zona “roja”. También tengo alguno al que posteriormente represalió el Régimen triunfante. Y sé perfectamente que tan buenos como malos eran unos y otros, que era más cuestión de personas, de rencillas personales y de sádicos, que en todas las sociedades los hay, y a los que les viene estupendamente abrigarse bajo unos ideales institucionalizados.
Recuerdo una historia de la Guerra Civil (editorial Codex) que se editó en fascículos a finales de los 60. Traía en cada portada, en letras pequeñitas, la leyenda “No apta para irreconciliables”. Ahora me hace gracia, pues creo que esa frase debería ponerse en muchas de las actuaciones que, a nivel nacional o autonómico, aún se llevan a cabo en este país, y no sólo por sus ciudadanos, sino también por algunos de sus gobernantes.